miércoles, 2 de febrero de 2011

Capitulo 4 - Lo que la orquesta no oyó esa noche.


Eva no sabe que hacer, ni como actuar, se queda paralizada delante de la puerta del restaurante…
- Échese a un lado por favor- le dice un señor mayor agarrado de su esposa.

La petición del anciano la apartó de sus pensamientos. Respira hondo, y entra en el restaurante. El mettre sale a recibirla.
- Buenas noches señorita, ¿espera a alguien o ha venido sola?
+ Eh…espero a alguien. Creo que tengo una mesa reservada. A nombre de Marcos Villalba.
- Sí, aquí está- contesta el mettre, tachando el nombre de su lista. – Acompáñeme, le están esperando.

El mettre la acompaña a través del lujoso restaurante. Normalmente, cada vez que Marcos le había llevado a este restaurante había sido por motivos de celebración: su cambio de curso, la inauguración del estudio…por eso se sentía tan extraña y fuera de lugar.
[…]

Marcos estaba sentado en la mesa cuando la vio llegar: radiante, guapa como ella sólo sabe; con esa jodida capacidad de hacerle sonreír como un verdadero idiota. “Es curioso”, pensó mientras se levantaba. En otras circunstancias, se había quedado embobado mirándola sin saber que decir…la diferencia es que, tras ese maldito mensaje, esa magia que envolvía todas sus citas parecía haber desaparecido.

- Hola. Estás muy guapa- le dice con voz temblorosa.
+ Tu también. – se funden en un gélido beso. – ¿Nos sentamos?
- Sí.
+ ¿Qué tal el trabajo? - pregunta Eva para suavizar el ambiente.
- Bien…pero supongo que no es del trabajo de lo que querías hablarme- responde fríamente.
+ ¿Recuerdas cuál era mi sueño?
- Mmm… ¿Terminar la carrera en el extranjero?
Ella asiente con la cabeza. Se quedan mirándose durante un intenso instante. Entonces él lo comprendió todo.
- Entonces… ¿te vas?
+ No lo sé Marcos, todo es tan complicado…
- Espera. No contestes aún, mejor demos un paseo.

Se ponen los abrigos y abandonan el restaurante. Estaba empezando a llover. Eva saca su paraguas y juntos empiezan a caminar.
Al principio nadie dice nada. Ninguno sabe qué decir. Llegan al Güel, ese parque que tanto gusta a Eva. Se refugian bajo un pórtico en el que tocan los domingos la orquesta local. Se quedan mirándose. Es Marcos quien rompe el silencio:
- Bueno, supongo que no tiene sentido seguir aplazando esto…
+ Sí.
- ¿Qué piensas hacer?
+ No sé Marcos…es mi sueño, pero por otro lado, no quiero alejarme de ti, de tu mundo…de nuestro mundo.
- No te voy…no puedo pedirte que te quedes, pero tampoco te pediré que te vayas. Es tu sueño, pero no quiero ser yo quien te impida realizarlo- los ojos de Marcos empiezan a llenarse de lágrimas y su voz deja notar la tristeza que siente por dentro.

+ ¿Quieres una respuesta?- Y le besa, le besa como nunca antes lo había hecho, beso tierno, beso apasionado, salado por el sabor de las lágrimas, beso inolvidable, un beso que cambiaría sus vidas, un beso que iba sonando a despedida…
+ Lo siento, el vuelo sale el lunes.

  Berlín es demasiado fría en Noviembre, a Eva le costaría adaptarse al clima, pero aún más a la soledad. Quién sabe que se le pasaría a Marcos por la cabeza en estos cinco días.

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